Hola.

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Esto tenía que haber pasado hace tiempo. Mucho tiempo. Recuerdo aquellas tardes, a mis
dieciocho (¡Oh! Por favor, ha llovido. Demasiado.), en las que me envalentonaba y daba rienda
suelta a mis ideas bajo listas eternas de bullets y bullets con cosas que contar. No sé qué pasó.
Bueno, en realidad sí, si vamos a empezar una relación que sea bajo una estricta y permanente cruda realidad. Me dio pereza. Lo empecé, conté algunas batallitas y lo dejé
morir… Diría que no soy una persona especialmente dada a olvidar y abandonar, pero aquella
imagen de mí misma, consumiendo horas infinitas delante de una pantalla, combinando ese
esfuerzo con los estudios, con la necesidad de salir con las amigas, con las noches de los
viernes… Todo aquello me resultaba totalmente incompatible con sacar mi blog adelante o, al
menos, eso pensaba yo. Así que me rendí, pero no olvidé.


Pasaron más años de los que me gustaría reconocer, pero aquella idea jamás se esfumó. En
ocasiones era más latente, en ocasiones permanecía inmóvil, enterrada bajo toneladas de
quehaceres y preocupaciones, pero antes o después volvía a martillear mi cerebro con fuerza.
Así que lo intenté de nuevo. Incluso redacté aquellas líneas para él. Aquellas líneas que, ahora
sí, me prometo que algún día encontrarán su espacio en este lugar.
Y volvimos a la casilla de partida. Me volví a rendir. Sin más. Esta vez fue la sobredosis de
realidad, estoy segura. Tras casi 9 meses de baja de maternidad, me enfrenté a retomar mi
vida profesional lejos de él, intentando reubicarme en un departamento que era taaaan
diferente… Con esos nuevos sistemas de teletrabajo (¿webcam? ¡que vergüenza!) que hacían
que me sintiese aun más fuera de lugar. O, ¿quizá no fue eso? No lo sé. Simplemente volví a ponerme excusas a mi misma y, de nuevo, lo dejé correr. Aunque tampoco olvidé.


Y por eso estoy aquí hoy. Abrumada igualmente por la misma sensación de que el tiempo se
me va a escapar entre los espacios del teclado, pero con la firme idea de tirar esto hacia
adelante. No matter what. Tengo menos tiempo que nunca, pero unas ganas tremendas.
Imagino que lo que faltaba en la base era algo que me motivase lo suficiente para no dejar de
escribir, aunque los días fuesen demasiado largos, aunque las fuerzas flojeasen y los ojos se
entornasen a la hora de merendar. Y esa motivación ha llegado, y lo ha hecho por partida
doble: N & L.
Mis dos petits. Los dos terremotos que dan “alegría” a la casa, si es que se le puede llamar así. Porque, me reitero, aquí no va a faltar dosis de cruda realidad. Y, aunque los niños son la alegría de la
casa, toda madre y padre que se precie sabe que también son fuente de los mayores
quebraderos de cabeza que puedan existir. Aun así, me hacen IMPARABLE. Ya no me voy a quedar en «lo que podría haber sido», sino que voy a empujar esto con todas mis ganas y con la lejana ilusión de que, algún día, esos dos petits descubran el proyecto de su madre y sepan que fueron el motor que la llevó a cumplir uno de sus sueños (Vale, lo confieso. Hay un tercero en discordia que también ha remado a favor).

Y así nace Maramamí. Un 22 de julio.

Bienvenidas. Bienvenidos.

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